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Una familia de vinos unificada por su nombre, Parreño, pero no por su visual, necesitaba vestirse con la nueva imagen de Bodegas Latorre y contar con su propia identidad gráfica para distinguirse como marca ante sus consumidores.

Las tres variedades, tinto, blanco y rosado buscaban una propuesta gráfica capaz de adaptarse a las tres presentaciones y ser capaces de destacar como una sola familia de vinos. Una imagen que unifica, pero que a su vez diferencia las cualidades de cada vino, cada uno ideal para un momento o comida diferente.

El diseño buscó resaltar la esencia del propio producto, un beneficio funcional: ser un vino para todos los días, convertido en el concepto para el desarrollo de su identidad.

El concepto

Un recuerdo diario, tan habitual como una comida los domingos en familia. Ese conocido de confianza que se convierte en Un Momento Esperado. Así es Parreño, tan usual, pero anhelado como un amanecer o un atardecer. Un vino para todos los días, para compartir con los de siempre que con su diseño destaca las luces y los colores de los momentos cotidianos.

El diseño final

Tres ubicaciones del sol, tres momentos de luz, tres vinos. Un proyecto que encontró su identidad en la transición del color como eje central de la etiqueta, un papel  perlado (Sirio Pearl) y una lámina de stamping iridiscente para destacar a cada vino como Un Momento Esperado.

Parreño