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El Formiguer necesitaba dejar de ser un lugar de recreación y eventos para reposicionarse como un restaurante familiar, donde grandes y pequeños podían entretenerse y disfrutar.

Para eso debía dejar su identidad gráfica excesivamente infantil, dando espacio a una estética más adulta, sin sacrificar los espacios para los niños.

Diseño para la familia

El resultado fue un sistema gráfico alusivo a un formiguer (hormiguero en valenciano), a través de una trama de líneas gruesas y curvas, que simulaba la tierra,  y un logotipo sencillo, de líneas rectas, que aportaba ese tono más adulto que la marca buscaba.

Una representación visual que se adaptó a los diferentes formatos (menú, manteles, uniformes…) y que responde a los intereses tanto de los padres como de los más pequeños.