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Una gama de vinos cuidada por tres generaciones como el más importante de los secretos. Así es Duque de Arcas en sus tres versiones: Crianza, Roble y Solo Bobal. Vinos emblemáticos que merecían despertar, desde el primer momento, la solemnidad de su nombre y el legado de su origen: las tierras de la familia Latorre.

Lo primero fue encontrar un concepto estratégico que estuviera ligado a algún elemento distintivo de los vinos. Duque de Arcas, su nombre, marcó el camino. La idea de las “arcas”, antiguas cajas de madera custodiadas por candados o cerraduras resguardando algo de valor o muy preciado, fue el elemento central que guió todo el diseño.

Así nace la leyenda de Duque de Arcas, llena de intriga y sorpresa. Dos palabras que hacen honor a sus vinos, a la experiencia de probar un producto de indiscutible calidad y al asombro de obtener más de lo esperado. Dos palabras que se plasman en cada botella, despertando la curiosidad con un código y sorprendiendo con un mensaje oculto.

Su legado

Las arcas, como concepto estratégico, dieron lugar a la historia de un gran duque. Un narrativa que busca unir “un secreto enterrado” con el origen de todo vino: la tierra.

Una leyenda que invita a imaginar qué puede ser tan importante como para llevárselo a la tumba y que determina las cualidades de un producto cuidadosamente embotellado bajo el nombre de Duque de Arcas.

El resultado gráfico

Una botella dinámica que, tras su aparente sencillez, invita al consumidor a acercarse y a apreciarla para descubrir lo que a simple vista no resalta. Una etiqueta en la que la creatividad y las técnicas de impresión fueron puestas a prueba.

Las etiquetas fueron impresas en offset digital Hp-Indigo y el papel elegido fue Manter Materica en sus versiones Verdigris, Craft y Gesso, todas ellas ultra ws para así resistir la humedad y condensación. La tipografía se realizó en golpe seco para lograr ejecutar el concepto planteado, descubrir el mensaje que esconde la etiqueta.