Una de las fases más complicadas a la hora de comenzar un proyecto de branding es el planteamiento. Organizar las ideas, saber sí realmente se está apuntando a lo que el cliente quiere o conseguir el equilibrio… puede llegar a ser complicado.

Sin embargo, todo puede fluir mucho más fácil si seguimos estos cuatro pasos cuando nos encontremos ante un proceso de creación:

1. Lo primero, antes de la reunión con cualquier cliente, debemos obtener información sobre él, no importa cuánto creamos que lo conocemos, siempre habrá algún dato extra que puede ser el que marque la diferencia en el momento de sentarnos a diseñar. Una búsqueda en Google, redes sociales, revistas del medio, nos ayudará a hacernos una idea de con quien vamos a tratar, además tendremos más opciones y opiniones para contrastar con el cliente.

2. Una vez que ya hemos tenido el primer acercamiento con el cliente y tenemos todos los datos de primera mano sobre lo que quiere, es hora de empezar con la fase de documentación. Aquí intentaremos elaborar nuestra propia base de datos con todo el material relacionado con el proyecto, imágenes, música, libros relacionados con el tema, filosofía de la empresa, etc. Es el punto más importante.

3. Con los puntos uno y dos concluiremos nuestra fase de investigación, tendremos toda la información necesaria sobre el proyecto y podremos comenzar lo que sería la fase creativa. Empezaremos bocetando las ideas principales de la marca, tipografías, elementos que identifiquen a la empresa. Una buena forma de empezar es hacer una lista con palabras, sensaciones u objetos que identifiquen a la empresa, un brainstorming de ideas. Si hemos hecho bien la fase de información, esta parte resultará bastante más fácil y lograremos dar con la idea clave.

4. Con la idea elegida es momento de pasar a sintetizar y simplificar. El objetivo de esto es el de poder expresar y representar con los mínimos elementos posibles lo que la marca quiere transmitir. Recordemos que siempre queremos expresarnos con claridad, para que los consumidores entiendan lo que un diseño quiere transmitir, es decir, conseguir una imagen con mayor impacto y pregnancia.

Si una vez terminadas estas fases no estamos satisfechos con el trabajo o no resulta ser lo que el cliente esperaba, no tenemos que frustrarnos, es cuestión de volver a las fases 2 y 3, reevaluar la información y ver si hemos pasado algo por alto en el proceso.

El diseño requiere que tengamos seguridad en nosotros y en lo que hacemos, estos pasos básicos te ayudarán a conseguirlo. Además esa confianza la percibirán nuestros clientes y quedará reflejada en nuestro trabajo. Así que ya sabéis: organización, información y documentación.

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