La era digital y las lovemarks han cambiado, desde hace algunos años, la forma de comunicar y de conectarse con las audiencias, dándole paso a un nuevo rey: el contenido.

Si te mueves en el mundo del marketing no será para nada un secreto que cada día es más complicado encontrar espacios diferenciadores y que resulten interesantes para un determinado público objetivo. Las marcas ya no solo compiten entre ellas por crear el contenido más impactante, sino que han pasado a competir/compartir indirectamente en los espacios que los propios consumidores van creando y que muchas veces gozan de mayor aceptación y credibilidad.

Sin embargo, el content marketing nos ha enseñado que lo más importante no es qué se dice sino cómo se dice porque cuando hay muchas marcas hablando de lo mismo, la que realmente logra sobresalir es aquella que da con la forma más creativa, directa o innovadora de contar “algo” que empezaba a sonar como disco rayado. En otras palabras, “el que pega primero, pega dos veces” pero en este caso aplica más a los formatos que al mensaje como tal.

Esto no quiere decir que el mensaje no sea importante, todo lo contario, las marcas que invierten grandes sumas en constantes estudios de mercado y logran anticiparse a las tendencias tienen una gran ventaja, usualmente son las que “ponen de moda” un tema y logran captar gran parte de la atención, estas son las llamadas “best-sellers”.

Desafortunadamente no es una posibilidad real para todas las marcas, por eso enfocarse en el cómo, en la forma de dar el mensaje, sigue siendo una gran oportunidad para pequeñas y grandes empresas.

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